En el mercado de celulosa y papel, el agua dulce es probablemente el recurso más crítico y, ante la demanda de productos de mayor calidad, la operación se vuelve intensiva en el uso de recursos. Por ello, el sector es altamente sensible a los aspectos regulatorios y a la sostenibilidad operativa, considerando el tratamiento de efluentes como parte inherente —y no menos importante— que los propios procesos productivos.